En la época de nuestras abuelas, divorciarse era algo poco común, era algo impensable. En mi muy humilde opinión creo que no sucedía, no porque las parejas fueran más felices que ahora, sino porque el juicio era tan fuerte, que las personas preferían quedarse en un matrimonio infeliz con tal de no tener que aguantar una carga tan pesada. 

Y no es que ahora en pleno siglo XXI el juicio de las personas haya disminuido, por el contrario, más bien creo que estamos en niveles de juicio y crítica tan grandes que las personas nos hemos vuelto más fuertes. Sólo una persona que se ha divorciado puede entender de lo que les hablo. 

Para que una persona decida divorciarse es porque la situación es insostenible, a veces toma años llegar a esa decisión, ya que esto conlleva enfrentar sus más grandes miedos y angustias. Estas son cinco de las razones más comunes por las que las personas temen separarse:

1. Miedo del fracaso

Podríamos ver como una inversión el tener una relación de pareja, donde invertimos tiempo, energía, esfuerzos e incluso dinero y pensar que todo este proyecto en el que tanto hemos trabajado haya fracasado nos llena de miedo.

2. Miedo a la soledad

La idea de estar solo o no encontrar a alguien mejor suele invadirnos de miedo obligándonos a quedarnos estancados en una relación y una vida donde ya no estamos cómodos.

3. Miedo a dañar a los hijos

Otra de las razones por las que nos cohibimos de separarnos de nuestra pareja es que como padres solemos anteponer el bienestar de nuestros hijos que el bienestar propio y preferimos vivir en una situación incómoda que llegar a afectarlos debido la ruptura.

4. Miedo a perder la comodidad

Como ya mencioné, tener un matrimonio es una inversión y en esa inversión también hay bienes, como lo son la casa, el auto y hasta tu estilo de vida; un divorcio definitivamente pone en disputa todo esto, provocando así, uno de los miedos más comunes, perder la comodidad.

5. Miedo a la presión de la sociedad

Otro de los miedos más fuertes al momento de una separación de pareja, es la presión sobre el qué dirán las demás personas. Esos juicios pesan e intoxican las relaciones y hacen que la negociación del divorcio, que de por sí es difícil, se vuelva imposible.

Siempre he estado en pro del matrimonio, así que antes de tomar la decisión de separarte, trata de hablar con tu pareja sobre lo que te aqueja, incluso pueden recurrir a la terapia de pareja, pero si en esta relación sólo continúa existiendo el dolor, violencia,  manipulación e inseguridad, pues eso no es amor, y nuestra bandera tiene que ser siempre el amor y sólo el amor.