Los últimos meses han sido muy activos y de mucho trabajo, tanto en lo personal conociéndome más y venciendo miedos, como en lo laboral, ya sea creando, planeando y echando a andar nuevos proyectos, además de la crianza de mis tres hermosos hijos y atender mi casa.

Hace unos días llegué a un punto de estar agotada, por eso les pedí unos minutos para descansar en la tarde y les dije que en media hora fueran por mí a mi cuarto para bajarnos a la playa. Cuando llegaron a decirme que ya era hora sentí que mi cuerpo no se podía mover, quería cumplir lo que había prometido pero no encontraba energía para lograrlo.

Y la ayuda llegó, pero no como me lo esperaba

Le pedí a Dios con todas mis fuerzas que me ayudara, mi cansancio me tenía paralizada. Le pedí que me diera la fuerza para poder lograrlo. De pronto escuche a Paolo decir “Ma, no te preocupes, Emiliano -mi hijo de 21 años- se baja con nosotros”

A veces Dios nos ayuda de maneras distintas a las que pedimos. Pero si pedimos, la ayuda llegará... Pedí fuerza y me envió a un hijo y hermano hermoso, solidario y comprensivo que hizo lo que yo no podía.