Uno de mis hijos es un poquito dramático, cuando está contento es el ser más feliz de toda la tierra, pero cuando está enojado o triste arde Troya -Huy, yo no sé a quién salió, jaja, hijo de tigre pintito-, me causa mucha gracia porque cuando tiene deseo de expresar su enojo o frustración lo hace muy bien.

El otro día me pidió que le firmara un examen en el que se había sacado 10, lo tomé y lo firme y en eso escucho un grito de “¡nooooooooo!, ¡la maestra me dijo que lo firmaras arriba de la hoja y lo firmaste abajo!”, tomé la pluma y lo firmé arriba también “Nooooo, ¿cómo que dos firmas?, la maestra me va a reprobar por tener las 2”, y lloraba y lloraba.

 Por más que traté de explicarle que no había manera que una maestra lo reprobara por un error que cometí yo, que le iba a escribir un recado en su libreta de tareas diciéndole que si era necesario yo iba a su escuela a hablar con ella no funcionó. El drama llego al punto de: “¡Voy a reprobar el año!”, “¡Me van a correr de la escuela por tu culpa!”.

 Lo más difícil de todo era mantener mi seriedad ante tales palabras, porque lo que yo más quería era soltar una carcajada, así que intenté con todas mis fuerzas contenerla y sólo le dije “Sé que lo que necesitas es llorar y para mí esta bien, aquí me quedo junto de ti acompañándote”, 40 minutos después se calmó, agarró muy serio su examen, lo guardó en su mochila y se puso muy contento el resto del día.

La paleta de colores

Al día siguiente, como era de esperarse, me dijo que no había tenido ningún problema por la firma, pero lo que estas experiencias me enseñan es la facilidad que tenemos algunos seres humanos en ver las cosas en blanco o negro y cómo eso nos nubla la posibilidad de ver la riqueza de los colores intermedios.

Lo que más nos conviene es no alegrarnos tanto cuando las cosas salen bien y no irnos al hoyo más profundo cuando salen mal, mientras nos más nos alegremos, más bajo caeremos en la depresión. Tratar de quedarnos lo más posible en el centro, esto nos ayudará a que la vida sea más fluida y sobretodo aprender a saborear las cosas cuando no sean tan dulces: lo amargo, lo ácido y lo salado, también puede dar gusto a muchas cosas ricas, por eso es mejor no compararlo nunca con la miel porque de esa manera perdería gran parte del encanto.