La violencia es algo que la mayoría de las personas, en teoría, desaprobamos. Hay quienes golpean, matan, roban, violan, etcétera; por supuesto, este es un tipo de violencia es muy fácil de desaprobar. Pero existe otro tipo de violencia mucho más sutil, que valdría la pena ponerle atención porque también es muy dañina: El morbo.

¿Qué es el morbo?

 El morbo es un tipo de violencia, cuando me envían un video de una persona que está teniendo alguna práctica sexual, en su intimidad y si, además, ese video es publicado en contra de su voluntad, esa persona está siendo agredida, por lo tanto me rehúso a verlo y le pido a quien me lo envió que se abstenga de enviarme ese tipo de contenidos porque es violento y, además, una falta de respeto.

 A lo mejor me da curiosidad verlo, pero prefiero abstenerme de contaminar mis ojos con el dolor de otras personas, pienso en lo que la persona debe de sentir de que su intimidad esté en boca de todos y elijo mi solidaridad con esas personas por sobre todas las cosas.

 Si nos abstenemos de ver y compartir ese tipo de contenidos, las personas que las comparten dejarían de hacerlo porque ya no tendrían espectadores para su maldad. Ahora, si por el contrario lo vemos, lo juzgamos, lo compartimos y luego chismeamos y lo recomendamos de alguna manera, estamos siendo parte activa de esa violencia en contra de los demás.

El morbo vende

 Cuando algún medio de comunicación genera una noticia que va en contra de los valores y principios de una persona o que daña a alguna familia, al consumir ese contenido, creerlo, divulgarlo y comentarlo con las personas, de alguna manera se está aprobando ese tipo de violencia.

 Los medios las generan porque venden, ganan muchos millones aprovechándose de la desgracia ajena, tenemos que darnos cuenta que consumir esos contenidos es una forma de aprobar el daño que le hacen a tantas personas y que, además, esos supuestos malos comportamientos, en la mayoría de los casos. ni siquiera son ciertos.

¿Qué es lo que debemos hacer?

 Lo que más nos conviene es cuidar lo que nuestros ojos ven y leen y, sobretodo, cuidar de no tener ese tipo de contenidos al alcance de nuestros hijos que los ven con ojos inocentes y, además, interpretarán que si sus padres lo consumen es porque de alguna manera lo aprueban, por lo tanto no tendrán problema en realizar esos actos en su adultez, porque estarán completamente aprobados y normalizados.

 Los padres no tenemos al alcance de nuestros niños pornografía porque sabemos que puede hacerles daño, pero tenemos que entender que los chismes pueden llegar a ser igual de tóxicos para ellos o incluso más, porque en muchas ocasiones, desde las portadas, son extremadamente violentas.