Nos estábamos subiendo a un vuelo de Acapulco a México, yo ya estaba sentada en mi lugar chateando con mi socio y amigo Rick, de pura burrada, de pronto solté una carcajada. Al lado mío había una señora intentando guardar su maleta en el compartimento de arriba que no cabía y estaba muy enojada.

Cuando me escuchó reír se puso a regañarme, me decía “Ay sí, mucha risa, muy simpática...”, yo estaba de muy buen humor y ahí me di cuenta lo que se siente no engancharse con las demás personas, pude sentir que ese enojo era suyo y nada tenía que ver conmigo, y luego me pregunté... ¿qué hubiera pasado en esa misma situación si yo hubiera estado enojada o de mal humor?

Me lo hubiera tomado personal, seguro le hubiera subido dos rayitas a mi ira. Y si bien no soy de las que contestan me hubiera quedado furiosa en mi lugar, ahí me di cuenta que para que haya un problema se necesitan dos personas.

Cuando tenemos diferencias o discusiones creemos que siempre es problema del otro, porque nosotros tenemos razón y no nos damos cuenta que si el otro no tiene razón en discutir con nosotros entonces ¿por qué nos enojamos? Quiere decir que de alguna manera los dos tenemos nuestra razón.

Revísate a ti mismo en el momento

Por eso es el enganche, en la experiencia con esa señora no me enganché porque justo en ese momento yo estaba súper contenta, por lo que no había ni un ápice de enojo en mí que se enganchara al suyo. Por eso aprendí que, la próxima vez que me vea en medio de una discusión, revisaré en mí lo que puede estar enganchándose con la otra persona.

La mayoría de las discusiones de las personas son porque ambos queremos tener la razón, sin siquiera cuestionarnos si a lo mejor la postura del otro nos conviene más. Me he topado con mucha gente que entra en guerra conmigo, con una postura que no tiene ni siquiera buenos argumentos de donde sostenerla, y por más que les pongo ejemplos les enseño papeles y pruebas de que están en un error, su necedad y ceguera hace que se monten en su macho y que no haya poder humano que los mueva de ahí. Se ponen en plan de "tú me hiciste", cuando lo que dicen no coincide con los hechos, a veces ni las fechas cuadran con sus argumentos.

El ego quiere tener la razón y punto. No le importa nada ni las verdades ni lo que es mejor, es sólo porque yo lo digo y ya, cuántas muertes y guerras hay por culpa del ego. Cuando tengo diferencias de opinión con las personas, trato de buscar primero en mí qué es eso que brinca en mi interior que quiere siempre tener razón, y si logras decirle “tranquilo aquí estoy, pero vamos a ver a lo que se refiere la otra persona”, el ego se tranquiliza porque le diste su lugar e importancia, que es lo que busca y eso te da a ti la oportunidad de ampliar tus horizontes y de aprender cosas nuevas cuando ves las cosas desde otro punto de vista.

Ten calma

Eso de ponerse en los zapatos del otro funciona muy bien, no quiere decir que apruebes sus comportamientos, pero al menos te ayuda a entender por qué se comportan así. Hay personas que están acostumbradas a ser los rockstars de su familia, por lo tanto estarán siempre buscando tener la atención de los demás a costa de lo que sea, y si te atreves a no ser parte de su club de fans te castigarán con todo lo que puedan, porque a su ego le gusta estar en el pedestal. Querer ser siempre el centro de atención, eso también es basura. 

Dos meses después, estaba con mis hijos a la hora de abordar un vuelo, una señora salió corriendo para entrar primero y se le atoró su maleta de mano en la pared, volteo y empezó a regañar a mi hijo Luciano, me acerque y le dije: “No le hagas caso, esta enojada, pero tú no tuviste nada que ver, Luciano, que estaba muy serio, sonrió y siguió su vida sin problemas.

Ahí me di cuenta que lo que no es tuyo, realmente, no te importa. Por eso, que cada quien se encargue de su basura.