Quiero compartir el día de hoy el Cuento del alma dañada, tiene una enseñanza muy bonita e interesante que quería dejarles:

Había una vez dos hermanos que vivían en un palacio, los 2 eran igual de hermosos y tenían muchos dones y talento, lo que diferenciaba a uno del otro es que uno lo sabía y el otro no. María era una mujer alegre y optimista, bondadosa y de buen corazón. Juan estaba enojado porque sentía que ella era mejor, por eso vivía intentando llamar la atención con cualquier pretexto.

La gente siempre va a preferir a las personas alegres, por lo tanto, ella llamaba más la atención que él, lo que lo hacía sentir desdichado. Juan intentó por todos los medios acabar con la alegría de Maria, pero no lo lograba, por el contrario ella cada día se veía más contenta.

Hasta que un día él armó lo que creyó que era el plan perfecto, le puso una trampa y la culpo a ella de algo que él había hecho, así que la expulsaron del palacio. Él sintió que había ganado, que por fin se había quedado sin competencia; ella, se quedó en la calle.

Estaba acostumbrada a que la sirvieran y ahora no sabía como podría salir adelante, esto la orilló a usar su creatividad y encontrar formas de ganar dinero para poder vivir. Primero fue con el panadero que amablemente le enseño a hacer pan, otro día se encontró al jardinero del pueblo el cual le compartió conocimientos de jardinería y cuidado de las plantas. Después se encontró a un erudito que le mostró algunos libros en los que ella se sumergió y descubrió un mundo desconocido.

María cada día brillaba más, se sentía más plena y feliz. Por el contrario, Juan cada vez estaba más apagado, él esperaba que cuando ella no estuviera se sentiría mejor, pero no fue así, aunque había “ganado”, cada día estaba más triste, ahora toda la atención era para él, por lo que no podía entender por qué eso no le daba la felicidad.

Empezó a odiar más y más a María, la responsabilizaba de su infelicidad. Todo ese odio, se le empezó a notar físicamente, perdió el carisma, la sonrisa y su salud comenzó a deteriorarse. Como tenía poder, pidió a sus guardias que buscaran a María, que la culparan de haber robado, de hechicería, de traición.

María pasó muy malos ratos, tuvo que usar su creatividad para buscar la forma de deslindarse de las acusaciones de su hermano y eso la llevo a descubrir sus talentos: La música, la escritura, la filosofía; lo cual hacía que ella cada día brillara aún más; por el contrario, Juan cada día se obscurecía mas.

Si bien María se enojaba cuando su hermano ejecutaba actos viles contra ella, al poco tiempo sus gustos y actividades lavaban esos sentimientos. En cambio él, vivía atrapado en su odio, amargura y sed de venganza. Su alma ya estaba tan dañada por sus actos contra María, que creía que ella, al ser el objeto de su venganza, era la culpable del estado de su alma y de que se estuviera consumiendo.

Cuando una persona es objeto de una venganza, esa persona no es responsable de la obscuridad de quién se venga: Nadie puede dañar tu alma más que tú mismo. Cuando una persona tiene su alma muy lastimada, se ciega, por lo tanto le resulta imposible reconocer tanto odio hacia sí mismo e intentará responsabilizar a los demás de lo que él mismo se hizo.

En el caso de Juan no se daba cuenta que todo ese enojo que creía sentir por ella era un enojo hacia él mismo, por haber apagado su luz con sus actos. La gente oscura encuentra placer haciendo daño porque creen falsamente que así ponen fuera de ellos su basura, pero no es así.

María al final se volvió una mujer más valiosa y feliz. Cuando nos enfrentamos a una situación emocional muy fuerte, cuando la vida nos desafía de alguna manera, tenemos dos caminos: El primero, sacar lo peor de nosotros, responsabilizar a los demás, vengarnos; el segundo, ser creativos, aferrarnos a nuestra integridad y descubrir nuestra belleza.

Y la vida está constantemente desafiándonos... te pregunto, ¿cuál camino elegirás?