La depresión es una de las enfermedades mentales más comunes en nuestra era: Mujeres, hombres, adolescentes, niñas y niños la padecen. Desgraciadamente cada hora y media una persona se quita la vida en México, aproximadamente 17 jóvenes al día terminan con su vida, por lo que se ha convertido en la segunda causa de muerte en adolescentes y la quinta en niños.

Estos números convierten a la depresión en un problema de salud pública muy importante, para hablar de depresión habría de categorizarlo en por lo menos dos tipos. 

La primera es la depresión química: donde se bajan los niveles de litio y la depresión se vuelve incapacitante. La persona difícilmente puede levantarse de su cama, no va a trabajar ni se hace cargo de sus responsabilidades, pasan la mayor parte de día dormidos.

La segunda es estar deprimido: son aquellos estados donde la vida te pegó duro y no tienes ganas de hacer nada. Te sientes en un estado de apatía constante, tienes mucho sueño, la vida se ve gris, lloras mucho, sientes que nadie te quiere, que la vida te odia, que si te mueres a nadie le importaría, sólo quieres comer o no tienes apetito en lo absoluto. La gente tiende a beber o drogarse para olvidarse de su realidad

Estar deprimido 

Y esta segunda es del tipo de depresión de la que quiero hablarte. Si te sientes sin ganas de vivir, si crees que la vida es triste, que no vale la pena vivirla, que por más que te esfuerzas por salir adelante la vida o la gente no te ayuda, si crees que no tiene sentido vivir para sufrir, si estás cansado de que los demás les vaya bien y a ti no, si crees que nadie te quiere, que no vales nada. Quiero decirte que, si lo deseas, podemos hacer algo al respecto... juntos.

La expectativa que tenemos de la vida, lo que nos han vendido desde que nacimos, es que la vida sea de color de rosa, nos hacen creer que si las cosas no salen exactamente como queremos, estamos perdidos y no tenemos ninguna posibilidad de ser felices y eso no es real.

Si bien hay cosas que son muy dolorosas como las pérdidas de las personas que amamos, aún en esos momentos tenemos la posibilidad de salir adelante. Lo más importante es sentir. Si quieres llorar, llora; si quieres estar enojado, enójate; si quieres meterte a tu cama y taparte toda la cabeza para poder regodearte en tu tristeza, hazlo. Se vale estar enojado y triste porque las cosas no salieron como queríamos, pero lo que no nos conviene es castigarnos por eso. 

Si nos corrieron y nos quedamos eternamente deprimidos es una forma de castigarnos por lo que otra persona hizo con nosotros; si nos fueron infieles y nos quedamos enojados para siempre, pensando que todos los hombres son iguales, negándonos la posibilidad de superarlo y de salir con otra persona estamos, de alguna manera, castigándonos por lo que alguien más nos hizo.

Y lo peor es que a nivel muy inconsciente, en la profundidad, creemos que al hacerlo, al ser muy infelices, estamos castigando a las personas que se comportaron mal con nosotros, con la falsa idea de: para que se sientan muy mal por lo que nos hicieron. Cuando a los únicos que estamos castigando con esa actitud es a nosotros. 

Hay que levantarse y hacer frente a la situación

Hay algo de lo que podemos estar seguros en esta vida, que por más que trabajemos y nos portemos bien las cosas no siempre van a salir como queremos, la felicidad está en la aceptación, me encontré esto que puede ser muy útil para entenderlo:

*Está lloviendo

 - No aceptación                             - Aceptación

Odio  que llueva                                     Sí

Me gustaría que no lloviera

Mi día sería mejor sin lluvia

¿Por qué tenía que llover?

Mi día se arruinó

Yo quiero un día soleado

Es injusto que llueva

Dios me odia

Es así de simple, esto es lo que la vida me da porque es lo que quiere que viva, si me resisto va a doler más, mejor lo acepto, le pongo onda y actitud y sigo adelante. Y ojo, no estoy diciendo que sea fácil, en lo personal creo que es lo más difícil del mundo, pero día a día trabajo en ello y créanme que cada día me siento más cerca de lograrlo.

Nos deprimimos cuando no aceptamos lo que nos pasa: no acepto que me pintaron el cuerno, por eso mejor me deprimo en lugar de aceptar que me casé con un patán; no acepto que me corrieron del trabajo, por eso me deprimo en lugar de aceptar que en ese lugar ya no valoraban mi trabajo pero eso no quiere decir que yo no sirvo para nada; no acepto mi cuerpo o mi aspecto, entonces me deprimo en lugar de darme cuenta de su belleza que, aunque no cumpla con los estándares de belleza, es mi cuerpo, el único que tengo y pierdo de vista mi salud y sobretodo lo más importante, que estoy vivo.

Lo importante, lo que más debes recordar y tener en cuenta siempre es que cada situación es una oportunidad de aprender y crecer, luego de permitirte sentir todos los sentimientos de enojo, tristeza, angustia, etcétera, pasas inmediatamente a la etapa de fortalecerte, de dar lo mejor de ti y demostrarte a ti mismo que sí puedes, porque sí puedes.