He escuchado en varios libros, terapias, talleres… que lo que ves en las personas son nuestros espejos. La verdad esa idea me molestaba mucho. ¿Cómo es posible que la gente que es vil, que comete actos inaceptables sean un reflejo de lo que yo soy? ¡Yo no soy eso!

Me costó años entender ese concepto, la gente nos muestra por medio de sus actos lo que nosotros creemos de nosotros mismos, a esto le llamamos efecto espejo.

Así es, cuanto más te moleste alguien, cuanto más te saque de tus casillas, cuanto más rechazo te produzca, debemos entender que todo es un reflejo de nosotros mismos, que eso que estás rechazando del otro, realmente, está en ti.

¿Te ha pasado que a veces te gusta lo que ves en el espejo y a veces no?

No depende de qué tan arreglado estés, a veces te ves estupendo y estás en la peor facha. Esto es porque: lo que ves en el espejo es lo que sientes. Igual nos pasa con otras personas, nos reflejará el valor que nosotros nos damos. Si no aceptamos esto o si seguimos negando a nuestro inconsciente la verdad de lo que sentimos, la culpa nos llevará a ponernos en situaciones donde nuestro cuerpo y nuestro entorno comenzará a cobrar factura.

Por eso nos ponemos en situaciones donde nos lastiman, porque la vida nos está dando la oportunidad de que enfrentemos esos actos, que sintamos lo que el acto original nos hacía sentir, que lo hagamos consciente para aprender a valorarnos.

Los demás también se reflejan en ti

Muchas veces, la consciencia de nuestro valor depende de la atención que nuestros padres tuvieron con nosotros. Cuando éramos niños creíamos que todo era nuestra culpa; si nuestros padres nos maltrataban o nos ignoraban, creíamos que no éramos valiosos, porque nuestra mente inocente no entendía porque las personas que más deberían querernos no lo hacían e interpretábamos que actuaban así por algo que hicimos.

Al contrario de lo que pensamos, las personas que nos han hecho daño porque se ven reflejadas en nosotros, nos ayudan a aprender a poner límites, a darnos cuenta que no merecemos ese trato, que el comportamiento de nuestros padres con respecto a nosotros no tiene nada que ver con nuestro valor, que más bien tiene que ver con el trato que les dieron a ellos, y no tienen nada que ver con nosotros. Eso no quiere decir que tengamos que seguir en situaciones que nos hacen daño, sólo es entender que no tiene que ver con nosotros.

Nuestro cuerpo es un reflejo de cómo nos sentimos con respecto a nosotros mismos.

Si nos comportamos de forma inadecuada, si lastimamos a alguien, lo que más nos conviene es reconocer el error, hacernos responsables, resarcir el daño si es posible, y seguir adelante. Al reconocer y perdonar los actos de las personas, al aceptar y perdonarnos, como consecuencia, podemos atraer a personas que nos traten de diferente modo, por el simple hecho que ya no estamos dispuestos a tolerar malos tratos de nadie porque sabemos que somos valiosos.