La manera en la que las mujeres occidentales vivimos el placer y nuestra sexualidad es muy limitante. En oriente, la sexualidad no sólo tiene tantos tabúes como en México, sino que por el contrario, está totalmente relacionada con Dios.

La educación sexual en la infancia

Recuerdo cuando era una pequeña y hablaba el padre de la iglesia en su sermón me aburría muchísimo, pero como adolescente curiosa había algunas cosas que captaban mi atención. Yo tenía 14-15 años aproximadamente, por lo tanto, estaban empezando a despertar mis intereses sexuales y cuando el padre hablaba de este tema escuchaba lo que decía.

No olvido alguna de sus ideas:

- Los jóvenes del mundo tienen que entender que el sexo es malo.

- Las mujeres tienen que aprender a cerrar las piernas.

- El lugar de la mujer es al lado de su pareja, para siempre.

- El sexo es sólo para procrear y no debe disfrutarse.

- El placer es castigado por Dios.

Y podría seguir con miles de ideas que escuché en ese lugar.

Inquietudes sexualidades y problemas personales

Mis padres se acaban de separar, mi mamá se había ido de mi casa y nos había dejado a mis hermanas y a mí con un padre roto, que no estaba pudiendo manejar su dolor y que no podía darnos la contención emocional que necesitábamos.

Yo era una chavita atractiva, por lo que empecé a atraer a los hombres de mi edad y un poco más grandes. Que se ofrecían a darme todo ese “cariño” que yo anhelaba. Por un lado, disfrutaba de sus besos y caricias pero por otro me sentía profundamente culpable de que Dios estuviera siendo testigo de todo lo que el padre me había dicho que a Dios no le gustaba.

Pero era muy joven, exploraba mi sexualidad con más gozo que ataduras. Pero con el tiempo eso empezó a cambiar. A medida que fui creciendo me di cuenta, por un lado, que ese cariño que se suponía los hombres sentían por mí no era real, era más bien interés para que les ayudara con sus ansiedades.

Y por otro lado, como mi vida empezó a ser más dura y difícil, al enfrentarme a desafíos más adultos, una parte de mí empezó a boicotearme por sentirme culpable de estar haciendo lo que a Dios no le gustaría que hiciera.

Crecimiento y madurez sexual

Ahora, después de muchos años, me doy cuenta de las formas brutales en las que me he castigado por medio de otras personas. Me hago responsable, que ellos fueron los mensajeros que me mostraron el odio que sentía por mí misma. Si comparto contigo mi intimidad es porque creo que existimos muchas mujeres, pero también muchos hombres, que su sexualidad fue formada de la misma manera que la mía.

Sí creo que nuestro cuerpo es nuestro templo, por lo tanto lo que más nos conviene es cuidarlo de las energías y personas que dejamos entrar. Que hacer el amor se trata de eso: de hacerlo con amor. Que si tenemos ansiedad hay formas más saludables de explorarla que por medio de actos sexuales con otras personas.

Pero aquí lo importante es que entendamos que nuestra sexualidad fue creada por Dios, si lo vemos fríamente él la inventó, por lo tanto te pregunto: ¿Fue creada para no ser explorada y disfrutada?