Hace algunos años me fui de viaje a Xolbox, y conocí a una paloma que ladraba, independientemente de lo simpática que parecía ser me hizo pensar en muchas cosas.

En un huracán el aire se llevó el nido de la paloma, una familia decidió cuidarla y ayudarla a vivir. Esta familia tenía también un perro, al poco tiempo la paloma y el perro se volvieron mejores amigos, la paloma no quería comida de paloma, comía comida de perro y ya que sabemos esta parte de la historia no nos extraña que también ladre.

Las personas, generalmente, imitan los comportamientos que ven en casa y en alguna ocasiones los replican cuando ya son grandes: niños abusados, abusan cuando son grandes; niños que deprecian la violencia, crecen siendo violentos.

Al final, todos tenemos historias de nuestra niñez, generalmente difíciles o dolorosas, y como adultos tenemos la oportunidad de cambiar esa historia, convertirla en experiencia (en lugar de replicar las actitudes que nos lastimaron) y convertirnos, entonces, en una versión familiar de nosotros mismos para ser un mejor ejemplo para nuestros hijos.

Qué atraemos y qué enseñamos

El problema es que atraemos todo eso a lo que nos acostumbramos. Si toda la vida hemos vivido con personas violentas de algún tipo, lo más probable es que nos relacionemos con personas que son igual de violentas cuando somos mayores, con la finalidad inconsciente de que esas heridas de la infancia se hagan evidentes, dándonos la oportunidad de sanarlas.

Esas heridas son las que atraen a jefes abusivos y parejas violentas, por eso muchas veces tenemos la impresión de que todas nuestras parejas estuvieran cortadas por la misma tijera y todas aquellas conductas que nos llevaron a terminar con alguien, con el tiempo, aparecen de otras formas con nuestras nuevas parejas.

No podemos cambiar lo que sucedió en nuestra niñez, pero sí podemos cuidar los contenidos a los que estamos expuestos y a los que están expuestos nuestros hijos, cuidar contenidos agresivos, violentos, de sexo explícito y de imágenes destructivas, con la finalidad de que no normalicemos ese tipo de violencia.

Cuidemos el ejemplo que damos

Si nuestros hijos ven semana tras semana revistas de chismes donde se habla de cosas terribles de las personas, que muchas veces ni siquiera son ciertas, los estamos invitando a que repliquen esas conductas, simplemente porque “si eso es lo que compran mis papas" pues podría convertirse en algo así como una "Biblia" familiar, donde están plasmados los comportamientos aceptados en la familia.

En cambio, lo que debemos de normalizar es el amor, el cariño, la solidaridad, la compasión y hacer las cosas que nos gustan, que eso sea lo que nuestros hijos quieran replicar. Si en casa aceptamos la violencia en cualquiera de sus formas, para ellos será normal ser o aceptar la violencia por parte de las demás personas.

Si aceptamos comentarios, actitudes machistas y denigrantes, ellos creerán que eso está bien. Nuestros hijos nos están observando y escuchando todo el tiempo, y con esa información estarán creando sus propios códigos morales sobre lo que está bien y lo que está mal.