El día de hoy una persona muy cercana a mí me contó que se encontró una cartera en la calle, la revisó y tenía: Credencial de elector, licencia, tarjetas y dinero en efectivo. 

Le pregunté que hizo con ella y esto me contesto: “Vi su dirección en su Ife, se la llevé a su casa y se la entregué”. ¡Wow! ¡Qué maravilla que haya personas así en este mundo!, que elijan el placer de haber hecho correcto contra la sensación de astucia de quedarse con el efectivo que había ahí.

A la persona que le devolvió su cartera le hizo un favor mucho más grande y de mayor valor que el del mismo dinero que podría haber en su cartera: El tiempo que tendría que invertir en volver a sacar sus documentos, cancelar sus tarjetas y sacar unas nuevas. 

El tiempo, es justo lo único que no podemos recuperar, por lo tanto es lo más valioso. Me sentí tan orgullosa de esta persona, porque su relato estaba lleno de orgullo, de haber hecho lo correcto, que le respondí: “¿Sabes algo?, la vida te recompensará ese acto, te lo multiplicará y te traerá bendiciones, a lo mejor tarden un poco, pero seguro llegarán”.

Pero, si les soy honesta, la sensación de satisfacción de hacer lo correcto se notaba en su sonrisa, por lo que me dejó claro que, de alguna manera, no necesitaba esperar ningún tiempo para sentirse bendecido: La alegría ya lo estaba visitando.