En la vida no hay nada seguro, aunque de pronto hay temporadas donde tenemos ciertas tendencias, donde aparentemente nos esta yendo bien en algún aspecto de nuestra vida como dinero, éxito, poder, trabajo, salud, amor... la vida es experta en sorprendernos y de pronto, ¡pum! , todo eso que creíamos tener seguro se esfuma.

Cuando sucede con el dinero, perdemos el trabajo o hay alguna situación donde tenemos menos dinero o no tenemos ingresos o no tenemos dinero en absoluto, es importante que sepamos que eso no es ni una maldición, ni mala suerte, es una magnifica oportunidad de trabajar en nuestra inteligencia financiera.

El dinero no lo es todo

El dinero es capaz de distraernos y de darnos algo así como “falsa alegría”, por eso sentimos que somos felices, aunque en realidad hayan cosas mucho más valiosas que nos faltan. La falta de dinero nos obliga a ser creativos, a voltear a ver las cosas de nosotros que realmente valen la pena, a conocernos mejor y también a darnos cuenta que podemos ser igual o hasta más felices gastando menos.

Todos necesitamos dinero para poder vivir y comprar las cosas necesarias, pero eso no quiere decir que nuestra felicidad nos la dé él dinero. También acepto que la alegría que se siente cuando te compras un coche nuevo, un reloj o tu nuevo celular está padre, pero lo que quiero es que te acuerdes cuánto tiempo te duró esa alegría realmente. Te aseguro que, si lo compraste a pagos, esa alegría no te dura ni la décima parte del tiempo que tendrás que pagarlo.

Por el contrario, cuando no tienes dinero tienes la oportunidad de encontrar fuentes de alegría interna que son mucho más duraderas. Sí sé de la angustia de no poder pagar las cuentas, yo también lo he vivido en varias épocas de mi vida, entiendo la desesperación, sé de la frustración de intentar ganar dinero y que no llegue.

De la abundancia a la necesidad y viceversa 

Pero también me doy cuenta que después de esas situaciones de restricciones económicas llega un tiempo de abundancia, más grande que lo que tenía antes de perderlo todo. Yo vivía con una situación económica muy buena cuando era niña, en mi etapa adolescente mis papás se separaron y me fui a vivir con mi mamá donde estábamos muy mal de dinero.

Después de un par de años así, la vida me dio la oportunidad de entrar a Garibaldi donde mis ingresos económicos eran buenos y de esa manera podía ayudar a mi mamá con los gastos de la casa y hasta para darnos algunos lujos. Me embaracé y me quedé sin trabajo y como acabábamos de invertir todos nuestros ahorros en nuestra casa, nos quedamos sin dinero. Como me acababa de casar, regresé a la tienda todos mis regalos de bodas y con eso compre la cuna, carriola y todo lo que necesitaba de ropa de embarazo y ropa de mi bebé

Casi 2 años después llegó mi primera oportunidad como conductora en el programa “Tempranito”, y con él mi situación económica comenzó mejorar mucho con el tiempo. Hace 1 año y 2 meses renuncié a mi trabajo. En un principio calculaba estar de vacaciones 3 meses, viajamos y nos dimos la buena vida, jaja, pero el tiempo comenzó a pasar y mi cuenta comenzó a bajar mes a mes pagando las cuentas.

Soy la responsable económica del 90% de los gastos de mis 3 hijos y, sin ingresos, se imaginarán que no ha sido fácil.

Cosas que el dinero no puede comprar 

Cada mes restrinjo más nuestros gastos y me he dado cuenta que no necesito comprarme las cosas que están a la última moda para ser mas feliz, me cambié de casa a un departamento, mi dinero lo limito a los gastos básicos y las clases especiales de mis hijos porque las aman, y yo amo verlos hacer y aprender lo que les gusta.

Casi no compro cosas, lo que compro son experiencias. Y si bien he pasado por momentos de angustia, me he paralizado, he sentido mucho miedo, terror y pánico, también reconozco que eso me ha impulsado a ser más creativa pero, sobretodo, ahora puedo decir que estoy en donde quiero estar: haciendo lo que más amo

Cuando llego al punto en donde ya no tengo dinero, hago un ejercicio interno de confiar y de poner en manos del universo mis preocupaciones y como por arte de magia llega algún ingreso de algún lado. Ahora soy empresaria y trabajo mucho en mis negocios que, sin lugar a dudas, me dan mucha más satisfacción que la tranquilidad de tener mes a mes mi sueldo. No me queda la menor duda que mis herramientas financieras se han ampliado enormemente por lo tanto, mi inteligencia financiera es mayor.