El otro día me invitaron de fin de semana a Valle, como tenía algunas cosas que hacer no me pude ir desde México con los dueños de la casa y me fui un poco más tarde. Ya había ido un par de veces y creía conocer el camino, además me mandaron la ubicación y me dijeron que si le ponía en Waze no iba a tener ningún problema para llegar, la app que suelo utilizar para llegar a los lugares es Google Maps, por lo que se me hizo fácil utilizar esa en lugar de la otra.

Llegando a valle me empezó a llevar por una carretera desconocida y no me sonaba nada familiar, cuando me di cuenta ya estaba en otro pueblo, empezó a llover como pocas veces había visto en mi vida, parecía de película de acción. Los limpiadores de mi coche estaban en lo más alto y aún así no veía nada, en el suelo las olas de agua parecían del mar, de pronto la app me dijo que diera vuela a la derecha, a la izquierda y la primera otra vez a la izquierda lo que me lleve nuevo al camino hacia el otro lado, ahí me di cuenta que estaba perdida.

Así que cambié de app y puse Waze y me indico que estaba a veinte minutos de mi destino. Así que fui de regreso por esa carretera hasta llegar a una zona que se me hizo conocida, pero de pronto la app me pidió dar vuela en U y me llevo de regreso por el mismo camino hacia el otro lado.

¿Es una broma? ¿Para qué las apps me quieren tener dando vueltas? El lugar donde estaba la casa esta era en medio del cerro, por lo que no hay señal de wi-fi, por lo tanto no podía preguntarles a los dueños cómo llegar, cada quince minutos me decía que me faltaban quince minutos.

Encontré el camino

Yo con fe seguía las indicaciones y pensé “en algún momento me llevará al lugar adecuado”, y así fue, después de tres horas pude llegar a mi destino y como ahora me he hecho a la costumbre de preguntar para qué en lugar de por qué, lo hice, pregunté y en ese momento recibí la respuesta, me acorde de una frase que había leído en la mañana: “Sabes que alcanzaste una lección del alma, cuando las circunstancias no han cambiado, pero la forma en que respondes sí, este es el autodominio de la verdadera energía”.

Y ahí me di cuenta de que a pesar de haber estado horas perdida, en ningún momento la pase mal, venía escuchando mi música y disfrutando del paisaje (y la lluvia, claro), fue soltar el control de querer que las cosas salgan como yo quiero y permitir que la vida me llevara con fluidez a donde ella quisiera.

Al final agradecí haber llegado sana y salva a mi destino...