En los últimos años he visitado a todas las posibilidades de especialistas espirituales que me ayuden a descubrir la razón por la que han sucedido algunas cosas en mi vida y para que me ayuden a encontrar la manera de transformar todas esas experiencias en bendiciones.

Sí debo decir que la descripción que me han dado algunos sobre los acontecimientos de mi vida ha sido muy precisa, lo que me lleva a pesar en muchas cosas. 

Fui con un astrólogo que, según me explicó, en los últimos años todo en mi vida astrológica estaba en contra: los planetas, las estrellas, mi signo zodiacal, estaban todos puestos en los lugares precisos para que “todo saliera mal”.

Mi karma tenía la tarea precisa de destruir todo lo que había construido en mi vida: mi carrera, mis relaciones personales, mi idea de mí misma, mis valores, etcétera, con la precisa intención de pavimentar el camino para una vida distinta, donde mis alegrías vinieran de situaciones muy distintas a las que estaba acostumbrada. Lo más importante que aprendí es que hay situaciones en nuestra vida que son inevitables.

La consecuencia de nuestros actos

Si bien siempre nos han hablado de las consecuencias de nuestros actos, tenemos una interpretación muy diferente de lo que realmente es. Creemos que si nos va bien es porque nos portamos bien, si nos va mal es porque nos portamos mal, pero a los que nos ha ido como en feria en algunas épocas de nuestra vida sabemos que eso no es cierto.

Entonces, si lo que nos sucede en la vida es parte de un plan divino que está hecho para que aprendamos ciertas cosas en la vida, ¿cuál es la verdadera consecuencia de nuestros actos? Lo que me lleva a pensar que la única consecuencia es: La paz de nuestra conciencia.

Saber que hicimos las cosas lo mejor que pudimos, ser capaces de reconocer el aprendizaje que esa experiencia nos dejó, aceptar que todo es por algo, que lo que importa es la forma en la que reaccionamos a los desafíos de la vida, la pureza de nuestro corazón, aprender de nuestros errores, eso es lo que marca la diferencia en la calidad de nuestra vida.

Seguir pensando que si somos buenos las cosas serán distintas, que podemos controlar lo que pasa en nuestra vida no sólo es una pérdida de tiempo, sino que nos roba la posibilidad de transitar por ella de formas más amigables. Lo que sea que vaya a suceder, sucederá y no podemos hacer absolutamente para cambiarlo.

Lo que más nos conviene es cambiar nuestra energía, moverla de un “¿Cómo le hago para cambiar esta situación?” a un “¿Cómo le hago para sentirme bien y estar bien en esta situación?”, la forma que a mí más me ayuda a aprender es observando a mis hijos.