No somos pocas las personas que estamos en búsqueda de ser cada día mejores seres humanos y, si bien todas las personas quisiéramos que hablen bien de nosotros, existe muche gente con tanto enojo acumulado que parecería que llegan a nuestras vidas a desafiarnos constantemente, buscando molestar, enojarnos, hacernos daño.

Hay algunas que incluso no reconocen los actos generosos que hemos tenido con ellos y, por el contrario, nos culpan de los actos viles que ellos mismos han tenido contra nosotros. Yo, particularmente, llevo varios años lidiando con una persona así, recientemente me di cuenta que esta persona me ataca, miente y trata de todas las formas posibles que yo pierda los estribos, por lo que lucho constantemente por no responder, por calmar mi sed de venganza e intento mandarle luz y desearle lo mejor.

No hace mucho me di cuenta que esa resistencia mía de reconocer que no lo soporto, que estoy harta de sus actos contra mí, pues no sólo me estaban quitando energía sino que me tenían en una lucha interna entre lo que pienso que debería de sentir y hacer, y la realidad, intentando alegrarme de que le vaya bien, cuando en realidad es que no me da gusto que se salga con la suya.

Pero no aguanté más

Hasta que exploté, lo maldije, lo insulté, le dije todo que me hubiera gustado decirle todos estos años y fue una buena manera de desahogarme. Debo decir que no se lo dije en persona, me refiero a que acepté que aunque deseo ser mejor persona cada día, no puedo sentir cosas buenas por alguien que sólo se dedica a molestarme. Y debo decir que fue realmente liberador.

Una cosa es que intentemos ser buenas personas y que nos alegre el éxito ajeno y una muy distinta es que neguemos los sentimientos y emociones que nos provocan los actos de las demás personas, luché mucho tiempo, intentando sentir compasión, y aunque había días donde qué podía sentirlo, muchos otros estaba realmente enojada pidiendo a gritos a la vida que hiciera algo al respecto.

El sacar todo eso que sentía, de manera saludable, hizo que, además de sentirme ligera, me ayudara a sentir compasión real por ese ser tan falto de amor que no sabe hacer las cosas de otra manera. Y eso me hizo darme cuenta de la importancia de reconocer que todos somos seres humanos y que es natural a veces estar enojados y no intentar esconder o negar lo que realmente sentimos con la finalidad de sólo desearle el bien a las personas, porque haciéndolo terminamos haciéndonos daño a nosotros mismos.