Cuando una persona se está dramatizando es probable que lo podamos ver con mucha claridad, en los niños es increíble la forma en que lo hacen. Pero cuando somos nosotros los que nos estamos azotando, no nos damos cuenta que mucho de ese dolor insoportable que sentimos es provocado por el drama, más que por la situación en sí.

Expresar nuestras emociones es muy saludable, pero subirle varias rayitas al sufrimiento es completamente innecesario, a veces lo hacemos para llamar la atención, otras veces porque son reacciones que hacemos en automático y no nos damos cuenta.

Cuando estés pasando por una situación que sientas que es muy dolorosa, trata de ver si no estás cayendo en la trampa del blanco o negro, cometemos un error y nos decimos: “soy la más tonta del mundo, no sé hacer nada bien”. ¡Y eso es una completa mentira!

No decaigas, levántate

No hay manera de que alguna persona haga todo mal, pero si por una situación en particular creemos que es así, lo que más nos conviene es convencernos de que eso no es cierto, porque te aseguro que nos lastiman más nuestras ideas, que la situación en sí. Si le quitamos peso a los desafíos de nuestra vida, por lógica, pesarán menos, por lo tanto dolerán menos y así podemos salir de ellos con mayor eficacia y rapidez.

Pero no dejes de recordar que no nos las sabemos todas, que siempre habrá situaciones donde, por falta de experiencia o conocimiento, no tenemos idea de cómo salir de estas, pero en eso también hay belleza, que una situación nos ponga al límite de nuestras capacidades para salir adelante y triunfar, y en caso de fracasar, tampoco está mal, a veces hay que fallar muchas veces antes de alcanzar el éxito.