¿Qué pasa generalmente con los sistemas penitenciarios donde la gente en lugar de reformarse, cuando sale, es y se siente peor de cómo entraron?

El hecho de haber cometido un delito significa que son personas que necesitan amor, al ser descubiertos van a un lugar donde las personas les dicen constantemente lo malos que son, sus familiares están enojados y los castigan diciéndoles todo lo malo que hicieron.

Les puedo asegurar que todos y cada uno de ellos, tuvieron una infancia con violencia, al cometer un delito, el cual es una expresión del enojo que sienten, llegan al lugar más violento del mundo con la intención de: ¿Aprender a dejar de ser violento? No tiene sentido.

Los castigos

Qué pasa con nuestros hijos cuando se portan “mal”, si los castigamos estamos haciendo lo mismo, reafírmales la parte “mala”, por eso cada día funcionan menos los castigos con ellos. El mal comportamiento de un niño puede ser un intento de llamar nuestra atención y la solución no es mandarlo solo a su habitación, lo que necesita es que veamos qué es lo que le pasa y nos acerquemos a él.

Eso no quiere decir que se les premie si no se comportaron adecuadamente, lo que quiero decir es que tenemos una enorme oportunidad de abrir un canal de comunicación con ellos que muy probablemente está cerrado.

A veces actúan de cierta manera porque están enojados y si sólo nos enfocamos en lo que hicieron mal, regañándolos y gritando, estamos afirmando sólo eso malo, cuando podemos mostrarles por qué lo que hizo no es correcto y hablarles de todo lo que sí hacen bien para que se enfoquen en eso.

Los límites y la responsabilidad

Si está haciendo su mejor intento por salirse de nuestro control, revisemos si eso “malo” qué hizo iba en contra de ellos o de la idea que nosotros tenemos con respecto a lo que nosotros queremos que ellos sean. Eso no quiere decir que no les pongamos límites, límites es amor.

Si no come, si no quiere hacer la tarea, si no quiere cumplir con sus responsabilidades, lo que necesita no es que los obliguemos. Vemos millones de adultos que no se hacen responsables de lo que les corresponde porque como ahora no hay nadie de mayor autoridad que los castigue, se rebelan.

Nos conviene a todos que nuestros niños aprendan que al ser responsables los más beneficiados son ellos. Se trata de que lo entiendan, no de que pongamos todo el rigor de una mano dura sobre ellos. Cuando mis hijos no querían lavarse los dientes les decía: “Yo te recomendaría que lo hagas porque mira a este señor que no se los lavo”, y les enseñaba fotos de los que tienen los dientes podridos y están chimuelos, y como quien no quiere la cosa solitos iban a lavárselos sin chistar. Si no quieren comer les digo: “Ok, está bien, sólo que como no tienes hambre no vas a comer nada hasta la cena”, el primer día que murieron de hambre toda la tarde quedó solucionado.

Nuestro trabajo es poner limites, que aprendan a respetar a las personas y a respetarse sí mismos, ayudarlos a que si se equivocaron vean la hermosa persona que son recordándoles todo lo que hacen y han hecho con amor. El odio no se cura con odio, se cura con amor.