-Me siento rebasada.

-Siento que la vida me exige demasiado.

-Es mucho para mí.

-Estoy cansada y nadie me ayuda.

-No he acabado con esto y me llegan más cosas por resolver.

-Necesito un tiempo de descanso.

-Que alguien me quite alguna responsabilidad de encima, por favor.

-Hago lo que me corresponde y la gente me da más quehaceres.

-Estoy harta de tener que cargar yo sola con todo.

¿Te suena?

Cuando somos mamás y, sobretodo, cuando además trabajamos, tenemos los pendientes de la chamba más la casa, el banco, el marido, los impuestos, el super, el desayuno, el lunch, la comida, la cena, la lavada, las miles de peticiones escolares, clases especiales, torneos, tareas, los eventos familiares, etcétera... Llega un momento en donde ya no podemos más...

Vivimos cansadas y hartas de que a nosotras la vida nos deje caer todo el peso sobre nuestra espalda.

A los padres se les ve joviales, descansados y llenos de energía. Saben que, por muy pesado que esté el trabajo, llegan a casa a descansar y que todos los asuntos del hogar y de los hijos la mujer los tiene ya resueltos.

Pero ay de ti si cuando llega a casa, y no tienes ganas de nada, que no se te ocurra negarte a tus “deberes” maritales. ¡Pff!, eso te convierte en la peor esposa del mundo, ellos se quejarán con quien se les aparezca e incluso es un discurso muy común en maridos infieles, sin importar todo lo que tuviste que pasar en el día.

Pero cuando somos mujeres divorciadas la cosa se agrava un poco más, además de encargarnos de todo nosotras solas, tenemos que generar el dinero para mantener a nuestros hijos. Y aunque su papá los vea, generalmente el peso de crianza estará en nosotras. Los jefes no tienen ninguna consideración especial con mamás que trabajamos, por lo tanto, eso hace que le exijamos a nuestro cuerpo y mente de maneras extremas.

Tienes que descansar sí o sí

Las mamás tenemos que entender, qué necesitamos tiempo para descansar y si el papá de nuestros hijos no nos ayuda mucho, tenemos que ser creativas y ver la forma de darnos tiempos en la semana para hacerlo. Cuando dejamos de lado el cansancio que sentimos y no le hacemos caso, nuestro cuerpo se encargará de obligarnos a que descansemos de maneras poco amigables como enfermándonos; por lo tanto, lo que más nos conviene es que, si sentimos que ya nos exigimos de más, dejemos a nuestros hijos un rato a cargo de alguien más y descansemos.

Descansar puede ser meternos en la cama a dormir - mi favorita, jaja-, salir a caminar o leer un libro. Se trata de hacer algo que nos guste, para alejar nuestros pensamientos de nuestros deberes y poder explorar otras cosas que nos hagan sentir bien. Así que si te sientes rebasada es momento de poner un alto y descansar un poco, verás que la vida se ve de otro color