Cuando alguna persona hace algo contra nosotros, que nos lastima, lo natural es que sintamos unos deseos enormes de cobrar esa deuda, de provocarle el dolor que nos provocó y es por eso es que el mundo está como está.

Si todas las personas nos cobráramos todo lo que alguien nos hace estaríamos peor, viviríamos en constante guerra todos contra todos sin control. La percepción de lo que la gente “nos hace” es muy distinta de una persona a otra, el problema es que todos creemos tener razón; quien roba cree que tiene razón en quitarle algo a alguien por que él no lo tiene, muchos ladrones creen que hacen justicia.

Cuando le pones límites a alguien que ha estado abusando de ti, esa persona cree que tú le estás haciendo algo, para ellos es más fácil pensar que tú eres el malo porque no quieres seguir “ayudándolo”, que hacerse responsable de que su comportamiento estaba siendo abusivo.

Respira, piensa un poco

“Si aplicamos el ojo por ojo, el mundo entero estaría ciego.”

~Ghandi

Por eso quiero proponer una forma de venganza que es capaz de dejar en paz tu corazón y, lo más importante, sin violencia: El perdón.

Durante muchos años estuve investigando mucho sobre este tema, tenía una idea errónea sobre el perdón, por lo que no concebía la manera de dejar pasar ciertos actos cuando algunas personas con quienes me porte especialmente bien, se comportaron conmigo de formas inimaginablemente detestables.

Ahora entiendo que el perdón no es hacer como que no pasó nada y volver a tener una relación entrañable con las personas que nos dañaron, más bien es ya no seguir lastimándonos a nosotros mismos con pensamientos que nos duelen y no nos dejan vivir en paz. Si el odio hacia una persona fuera un chicle sabor estiércol, lo que más nos conviene es dejar de masticarlo una y otra vez, tomar la decisión de tirarlo a la basura, seguir adelante, y no volver a elegir ese sabor que no nos gustó.

Poner límites en la vida es indispensable para tener una vida feliz y con la menor cantidad de problemas posibles, pero eso no quiere decir que vivamos enganchados y enojados por lo que alguna persona nos hizo hace años.

Algo que también ayuda es ser conscientes de que, por alguna razón, nos pusimos ahí en esas situaciones, pero tener claro que la persona que nos dañó encontrará sus propias maneras de castigarse y que, estoy segura, son mucho más violentas de lo que nosotros podríamos siquiera imaginar, entonces ¿para qué hacernos daño? ¿Para qué ensuciarnos las manos por los actos de los demás? Esa sería la peor inversión de tu vida.

Vayamos a la práctica

Por eso te sugiero que hagamos un ejercicio, necesitas 2 hojas de papel y una pluma. Escribe:

  • ¿Quién es la persona que mas te ha dañado en la vida?

  • ¿Qué te parece si haces una lista con todo lo que esa persona te hizo?

¿Ya? Ahora toma la otra hoja de papel y haz otra lista, escribe todo lo que aprendiste después de esa experiencia:

  • ¿Eres más fuerte?

  • ¿Descubriste algo de ti que no sabías?

  • ¿Eres más feliz sin esa persona en tu vida?

  • ¿Podrías tratar de sentirte agradecido de que esa persona haya mostrado lo que es y no te haya hecho perder más tiempo de tu única y valiosa vida?

  • ¿Te sientes orgulloso de quién eres y de cómo te comportas?

  • ¿Qué ves al espejo?

  • ¿Ahora te cuidas más?

  • ¿Qué ve en el espejo la persona que te lastimó?

Escribe todo el aprendizaje. Te aseguro que la lista del aprendizaje es más larga y, sobretodo, los aprendizajes con base en experiencias dolorosas son invaluables y te guían siempre hacia una vida mejor. 

Ahora: ¿Y si decides quitarte esa mochila de ira y odio? Toma el papel de lo que te hicieron y destrúyelo, puedes quemarlo si lo deseas o puedes romperlo y tirarlo a la basura ¿Cómo se siente?

Rico ¿verdad? Es probable que si esa persona sigue en tu vida, intente seguir haciéndote daño de todas las formas posibles, haciéndote la vida miserable, culpándote de sus actos, etcétera, pero de ti depende que se salga con la suya o no.

Cuida tu expectativa, esas personas no están sanas, porque nadie que dedique su vida a lastimar a las personas lo está. Si pones atención, esas personas también se lastiman a sí mismos constantemente. Por lo tanto no esperes nada bueno, toma tus precauciones y no bajes la guardia con respecto a esa persona, verás que cada día te importarán menos sus actos.

Recuerda que todo tendrá una repercusión en tu vida, por acción o por omisión. Así que es tu total responsabilidad cuidar las semillas que siembras y, ten por seguro, que cuando tus árboles den fruto no quedará ninguna duda de lo que sembraste.