Hace unos años tuve un novio que me gustaba mucho. Su esencia y su personalidad eran padrísimas, pero tenía un problema: no estaba bien de sus emociones.

Tenía comportamientos raros que me confundían mucho. Daba la sensación de que era un chavo que valía la pena, y que si hubiera trabajado con sus emociones en una terapia, que le ayudara a descubrir su belleza, podría ser un tipazo, además de ser muy feliz. Total, corté con él después de casi 2 años, porque sus inestabilidades emocionales sacaban lo peor de mí.

Ayer soñé con él... Estaba sorprendentemente bien. Se veía centrado, sereno y muy feliz. En mi sueño le pregunté cómo le había hecho para estar tan bien, y esto es lo que me contesto: “Puse un espejo gigante afuera de mi casa y en los últimos seis meses me dedique a verme”.

La revelación

Este sueño me reveló algo muy importante. Podríamos verlo como que es un narcisista enamorado de sí mismo, pero no, no es ese el sentido que mi sueño me reveló. Más bien me mostró que todo lo que pasa en nuestras vidas, las personas, y situaciones, son una oportunidad de vernos a nosotros mismos.

Cualquier ofensa, desafío o acto maligno nos muestran nuestros miedos, enojos y miserias, y nos dan la enorme posibilidad de descubrir nuestros mas grandes dones y talentos. Cualquier ofensa es una oportunidad de conocerme más.

Por eso lo que más nos conviene, en lugar de querer atacar a las personas que nos ataquen, es descubrir dentro de nosotros lo que ese ataque señaló, de manera que podamos conocernos más e iluminar amorosamente cada sombra de nosotros, lo cual nos traerá la alegría más profunda y duradera.