A muchas personas, principalmente de mi generación, nos enseñaron que no hacer nada es igual a perder el tiempo. Cuando éramos pequeños nos levantaban de la cama temprano, nos apuraban con nuestras obligaciones, nos programan actividades y nos decían que teníamos que aprovechar el día.

Somos esclavos del tiempo 

Ahora siendo adultos, somos personas que vivimos contra el reloj: programamos miles de actividades en el día desde que nos despertamos, y aún así, sentimos que al final nos faltaron millones de cosas que hacer. 

Suena el despertador y en ese momento comienza una carrera de las millones de cosas que tenemos que acabar antes de llevar a los niños a la escuela. Los dejamos y tenemos escasas 6 horas para comernos el mundo, y aún así, cuando llegamos por ellos, nos faltaron la mitad de nuestros pendientes

Vivimos con prisa, corriendo por todos lados, y por tanto nos la pasamos estresados, con ansiedad y angustia, y cuando llega la noche estamos tan agotados y cansados que no tenemos energía para dedicarnos algo de tiempo y cuando nuestra pareja quiere romance, el cuerpo no da, lo que hace que nos deprimamos. 

Tómate un momento y no hagas nada

Cuando tenemos un ratito libre, nos metemos al celular a chatear o a las redes sociales, eso hace que nuestra mente esté siempre ocupada y es indispensable dejarla descansar un rato todos los días. Por lo tanto, lo que más nos conviene es aprender no solo a descansar y a dedicar tiempo a hacer cosas que nos gusten, sino a darnos la oportunidad de no hacer nada

Dedicarle un tiempo al ocio nos ayudará a contactar con nuestras emociones y a disfrutar de lo más simple y hermoso que hay en la vida. Date un tiempo del día para observar las nubes y las estrellas, ver el movimiento de los árboles o simplemente sentir y escuchar el ritmo de tu respiración, te sorprenderás de las cosas de ti que descubrirás en esos instantes mágicos

Es importante que sepamos que meditar, leer, caminar, ver la tele y el celular, estar con nuestros hijos, hobbies, pueden ser actividades que disfrutamos y algunas nos hacen bien y son indispensables en generar parte de nuestra alegría pero NO es tiempo de ocio. Es la bendición de no tener distracciones para sentir, y aunque parece fácil, te sorprenderá darte cuenta que es lo más difícil del mundo.