¿Te ha pasado que tu hijo adolescente tiene un carácter muy difícil? ¿Ya no sabes qué hacer para que te respete? ¿Sientes que se hace daño o que está perdiendo el tiempo y no sabes cómo controlarlo? ¿Quieres lo mejor para él, pero ya no sabes qué hacer para educarlo? Cuando tenemos hijos adolescentes, nos enfrentamos a uno de los más grandes desafíos de nuestra vida: Cómo hacer un buen trabajo sin morir en el intento.

He escuchado muchas mamás decir: “De bebé me quería comer a mi hijo, y de adolescente me pregunto ¿por qué no me lo comí?”

Los terapeutas nos dicen siempre, que lo que vivimos los primeros 7 años de nuestra vida será lo que influirá principalmente en nuestra vida adulta; por otro lado, estoy convencida de que los límites que les pongamos a los adolescentes, definirán gran parte de su personalidad, y crearán el tipo de persona y la calidad de sus relaciones en la adultez.

Algunos psicólogos expertos en trastornos de la personalidad aseguran que, existe la posibilidad de que la sociopatía sea un gen que ya traen algunos niños, que se hereda por parte de la madre y que de su trabajo, en la adolescencia, dependerá que esa maldad-sociópata se desarrolle o no.

Da terror pensar que nuestros hijos puedan traer ese gen, pero quiero compartirte algunas claves que te ayudarán a que tus hijos adolescentes crezcan sanos y felices y que, si las aplicas, no importa si tu hijo trae el gen o no, eso será siempre la mejor opción para ellos y también para ti como mamá o papá.

1. Límites es amor

Si vemos, por ejemplo, la película de “El Guasón” o la serie “Don't f**k with cats” nos daríamos cuenta que, en ambas, el papá de los personajes sociópatas está ausente y la mamá es una mujer sin fuerza, sin personalidad, incapaz de ver la maldad de sus hijos. Esto nos da muchas pistas sobre lo que es más dañino para un hijo: Crecer sin límites.

Si bien en la mayoría de las familias quien tiene el trabajo de poner esos límites es el papá, cuando nos enfrentamos a situaciones de “papás globeros”, donde sólo saben consentir y solapar las cosas de los hijos, o papás ausentes, esa tarea de poner límites y de hacerlos responsables nos corresponde a nosotras las mamás.

Y da mucho miedo, sobretodo cuando son hijos hombres y están grandotes, yo me he sentido a veces en un estado de vulnerabilidad que me da terror enfrentarme a mi hijo adolescente, pero me armo de valor y lo hago, porque sé que es indispensable para que todos estemos bien y convivamos en armonía.

Una mamá con pantalones es lo que la mayoría de los chavos rebeldes necesitan y tenemos que saber que eso es lo más amoroso que podemos darles y que, cuando sean adultos, lo valorarán. Poner límites es amor y los que nosotros no les pongamos la vida se encargará de hacerlo de formas mucho más dolorosas. Por eso, poner límites es amor.

Si tu adolescente te amenaza con quererse ir de la casa, de que ya no te va a querer, no te agusties: es chantaje, si caes en él estás perdiendo tu autoridad y eso es sumamente tóxico para los chavos.

2. Asignar labores en la casa 

Cuántos adultos conocemos que no se hacen responsables de sus cosas. Padres que no son capaces de pagar los gastos de sus propios hijos ni de hacer el trabajo de padres o, simplemente, aceptar sus errores.

Si analizamos como fueron sus madres con ellos, todas corresponden a la madre fan que trató a su hijo siempre como “el rey de la casa”, consintiéndolo y creyendo que nadie lo merece. Si amamos a nuestros hijos, queremos lo mejor para ellos y lo mejor para ellos es que sean independientes y responsables.

Podemos, además de que se hagan responsables de la totalidad de sus tareas escolares, elegir quehaceres de la casa, encargarse del perro, lavar los trastes, los coches, la ropa, lo que sea. El chiste es que nuestro hijo sepa que esa tarea no es negociable. Y lo más importante es que, cuando empiece a ser un dulce o un tirano con nosotros con la intención de que se nos olvide, estemos siempre firmes que esa es su responsabilidad y no la nuestra.

Si hay amenazas contra nosotros con tal de no cumplirlas lo mejor será de que dejemos que paguen las consecuencias de sus actos.

3. Menos dinero, más tiempo

Los padres sospechamos que el bienestar y la salud emocional de nuestros hijos dependerá del equilibrio que podemos tener con respecto a lo estricto y lo consentidor, pero muchas veces no sabemos cuál es ese centro.

Cuando tengas dudas, a mí me funciona siempre irme a lo exigente. Si voy a equivocarme prefiero que sea porque puse límites de más, eso siempre creará mayor seguridad en los hijos y con el dinero es igual, ¿qué tanto debemos de consentirlos?

Esta ecuación me ayudó mucho: “Darles la mitad del dinero que creemos que necesitan y lo doble de tiempo”. Cuando he sentido que mi hijo adolescente está de especial mal humor, me doy cuenta que es momento de aplicar esa regla de oro, y créanme, siempre funciona.

4. Los 4 “no”

Los adolescentes muchas veces sienten que les decimos que no a todo: “No recogiste tu cuarto”, “no le echaste suficientes ganas a la escuela”, “no me contestes”, “no, no, no y no”. Por lo tanto, una forma en la que podemos equilibrar eso es elegir sólo 4 reglas inamovibles, de esa manera será más fácil para nosotros luchar por que se cumplan y a ellos les ayudará a no rebelarse ante todo lo que les digamos.

Yo me acuerdo que, de adolescente, sentía que me prohibían todo en el mundo. En la playa no podía ni asolearme, ni meterme al mar, ni salir de noche, ni ir a esquiar, porque es peligroso. Eso provocaba que, cada que podía, hiciera todas las anteriores en exceso. Me asoleaba hasta no poder moverme sin bloqueador, me iba a barcos y yates con desconocidos y me metía a nadar en mar abierto y me iba al antro y salía de día cuando cerraban.

Lo que más nos conviene es que nuestros adolescentes aprendan a cuidarse, pero si les prohibimos todo, sólo lograremos que se rebelen a todo sin cuestionarse si eso les hace bien o no.

5. No es personal

Sus enojos y berrinches tienen que ver con sus propios procesos, algunos hormonales. No es personal que vivan enojados con nosotros y con el mundo, lo hacemos lo mejor que podemos y no somos los peores papás del mundo, aunque a veces quieran hacérnoslos creer.

Una amiga me contaba de su hija adolescente que le dice:

Hija: “Oye, ma, oshmnaelisdjopsñekdjñierelskdlk”

Mamá: “¿Qué dices?”

Hija: “Osh, ¡nada!”

No saben cómo manejar sus cambios y lo que quieren es pelear, de nosotros depende si actuamos como los adultos o si nos ponemos en su nivel y nos enganchamos en sus cosas. Críar a un adolescente puede ser divertido y gratificante, en algunos momentos puede ser un poco complicado, pero si tenemos claro el proceso por el que están pasando y aplicamos estas claves de oro, te aseguro que tu hij@ crecerá siendo feliz y sano y podrás tener en él o ella a un gran compañero de vida.