El termino “empoderadas” me revuelve el estómago. Siento que es algo así como que les estamos rogando a los hombres que por favorcito nos den permiso de ser felices.

Si eres mujer y sientes agotamiento, sentimiento de derrota, impotencia, deterioro de tu autoestima, inseguridad y disminución de tu capacidad de pensar, problema de control de esfínteres, disminución de poder personal, malestar continuo, irritabilidad crónica, depresión, ansiedad, ataques de pánico, angustia permanente, hartazgo, apatía, malestares físicos, enfermedades... te aseguro que mis palabras te alegrarán y te brindarán la posibilidad de entender, pero sólo si estás dispuesta a afrontar las situaciones que te están provocando estos síntomas, te invito a que sigas leyendo.

Si eres hombre y deseas tener relaciones sanas, constructivas y verdaderas con las mujeres de tu vida, si estás dispuesto a reconocer nuestros derechos, a deshacer las ideas culturales que te mantienen en una posición de dominio, si estás dispuesto a aceptar, a transformarte con dolorosos reconocimientos, si deseas afirmarte como hombre de verdad y construir relaciones de amor y respeto con nosotras las mujeres, te invito a que te dejes revolcar por cada una de mis palabras.

Hombres y mujeres, somos responsables del deterioro de los vínculos afectivos, la buena noticia es que, si los dos lo hacemos, podemos construir relaciones que realmente valgan la pena.

El micromachismo

Hace un tiempo, llegó a mis manos un artículo que movió todo mi mundo, cambió mi percepción sobre los comportamientos de los hombres con respecto a nosotras, y me fui de espaldas al darme cuenta de todas aquellas actitudes y comportamientos, por parte de mis parejas y jefes, que en su momento minimicé, o que ellos, ejerciendo todo su poder sobre mí, me obligaron a minimizarlos, pero que, como en ese entonces sospechaba, son altamente violentos.

El artículo se titula: “Micromachismos: la violencia invisible de la pareja” de Luis Bonino Méndez.

Al sentirme identificada, en todas y cada una de las categorías, me di cuenta de las miles de veces que me dolía, en lo profundo de mi corazón, lo que hacían o decían con respecto a mí, y como ahora, al saber que eso también era violencia, siento un bálsamo de tranquilidad de saber que no estaba exagerando.

La razón por la que quiero compartir con ustedes estas experiencias es con la finalidad de que, si se identifican con algunos de estos comportamientos, sepan que están vulnerando su seguridad y autoestima, que no estamos locas, ni estamos exagerando y, sobretodo, saber que esos "micromachismos" le abren la puerta a abusos mayores.

Y, más adelante, te narraré algunas historias personales, historias muy íntimas, donde no incluiré el nombre de los hombres que cometieron estos abusos, porque mi única intención es ayudar a quien lo lea, no generar odio hacia los personajes.

Los hombres deben tomar parte en la solución

Invito a que los hombres lo lean con apertura y, especialmente, a que se den cuenta que tener poder sobre una mujer no es algo bueno para ellos tampoco. Una relación de igualdad siempre será mucho más gratificante y amorosa para todos. También quiero mostrarles que una pareja en la que los dos crecen y se complementan, siempre será la mejor de las opciones.

Es probable que muchas mujeres se sientan identificadas con mis palabras y eso les provoque tranquilidad, pero también los hombres, que se sentían en una posición de poder sobre nosotras, es probable que mis relatos los enojen y se sientan un tanto vulnerables y temerosos de que las mujeres nos estemos despertando y ya no estemos dispuestas a aceptar ciertas conductas, pero lo que tienen que saber es que hay maneras de vivir, mucho más espléndidas que rebajando a su mujer. Mi intención es que todos los seres humanos podamos tener relaciones más cooperativas, honestas e igualitarias.

Culturalmente, los hombres desean tener el poder del dominio y eso provoca desigualdades familiares y de pareja. Nuestra cultura ubica a los hombres en un lugar superior, lo que nos niega algunos derechos primordiales, por ejemplo, hacer lo que amamos. Algunos creen tener el derecho de tomar todas las decisiones de pareja o expresar exigencias a las que nosotras estamos obligadas.

Es como si el contrato de pareja tradicional dijera: "les daremos protección a cambio de obediencia". Algunos hombres, cuando se dan cuenta de que ya no pueden ejercer esa autoridad cultural sobre nosotras, vuelcan todo su poder en desprestigiar y atacar a la mujer que se atrevió a ponerles un límite, porque sabe que la cultura machista lo apoyará.

Las máscaras de tu pareja

Conozco a muchas mujeres que son sometidas a micro y macro machismos por parte de su pareja o ex pareja y las formas en que sus hijos replican estas actitudes con ellas, y lo permiten, porque no se han dado cuenta que esas “pequeñas” cosas son formas de violencia de género. Es importante resaltar que si bien hay algunas mujeres que están en relaciones de amor e igualdad, son la minoría.

A lo largo de 5 años de soltería he tenido algunas citas con hombres que, cuando ven que no se pueden poner en un lugar de autoridad sobre mí porque soy una mujer independiente, que ya no está dispuesta a estar por debajo, pero tampoco por encima de nadie, sienten como si su hombría se difuminara, porque su “hombría” no es más que machismo disfrazado.

No debemos callarnos

La mujeres ya no nos quedamos calladas como antes, ya no nos sometemos al "hasta que la muerte los separe” al estar en matrimonios de extrema violencia. Pero las creencias ancestrales siguen provocando parejas disparejas y disfuncionales; y por otro lado generan juicios aniquiladores contra quienes ya no queremos someternos al dominio de los hombres.

La mayoría de los hombres siguen sintiendo superioridad con respecto a las mujeres e intentan reafirmar, o recuperar dicho dominio ante quienes nos rebelamos y no permitimos que se sigan aprovechando de nuestro trabajo de cuidadoras incondicionales. Estos microabusos son como una red que nos mantiene atrapadas, los cuales generan otras formas de maltrato psicológico, emocional, físico, sexual y económico.

El asunto de estas microviolencias se utilizan desde el comienzo de la relación y, poco a poco, se van robando nuestra libertad, con la intención de ponernos al servicio de nuestra pareja. El problema es que, al ser algo invisible y aceptado por la sociedad, le otorga a los hombres el monopolio de la razón.

¿Cuántas veces al intentamos hacer algo que deseamos o cuando mostramos cosas con las que no estamos de acuerdo o conductas injustas o violentas por parte de ellos nos dijeron: “¡Estás loca!” o “¡Exageras!”? Esto lo dicen cuando quieren mantener su posición favorable de poder. Sé que pueden parecer normales o intrascendentes, pero lo que tenemos que saber es que la repetición constante provoca nuestra desvalorización, pérdida de seguridad y autoestima, por eso quiero mostrarte todas esas trampas masculinas que algunos utilizan como armas secretas.

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