La mujeres somos capaces de crear intimidad más fácilmente, en nuestras reuniones con amigas hablamos de nuestros problemas y preocupaciones; a los hombres les cuesta más trabajo crear este tipo de vínculos afectivos, por ejemplo, cuando están con sus amigos hablan de negocios, deportes.

El problema es cuando nosotras pedimos más intimidad, cuando queremos hablar de nuestras cosas con ellos, hay formas muy violentas con las que nos empujan para que no lo hagamos. Una puede ser por medio del silencio, encerrarse en sí mismos, no contestar, decir: “no sé expresarme...”  y, la verdad, es que muchas de esas veces prefieren hacer eso porque saben que no tienen posibilidades de ganar esa partida.

Por ejemplo, yo tenía muchas sospechas de infidelidad de parte de una pareja y cuando tocaba esos temas, me lo negaba intentando hacerme sentir tonta o loca, se aislaba o se desaparecía de casa, o me decía: “¡No me vengas con problemas!”,“¡no me presiones!”,“¡nunca estás conforme con nada!”, “¡eres un barril sin fondo!”,“¡me tienes harto!”, según él se sentía invadido y acusado injustamente de mi parte. Cuando terminé la relación supe que yo tenía razón con mis sospechas, al poco tiempo ya tenía otra pareja, pero que él se alejaba para no tener que darme explicaciones.

La dependencia emocional 

El problema es que cuando tenemos dependencias emocionales, cuando tenemos necesidades afectivas, estas actitudes aumentan nuestra dependencia, ya que al desvalorizarnos, los colocamos a ellos en un lugar más valioso.

Otra forma con la que una de mis parejas disminuyó mucho mi autoestima, fue por medio de hablar mal de mí, haciéndose la víctima con las personas cercanas afectivamente, estableciendo ciertas alianzas con amistades y compañeros de trabajo, cambiando la percepción que ellos tenían de mí, utilizando la radicalización y la culpabilidad a su favor, sembrando dudas y adjudicándose todo lo bueno de la relación; como si en el fondo supiera que yo no iba a aguantar esa violencia toda la vida y estuviera preparando el terreno para que, cuando eso sucediera, él pudiera contar con el favor de las personas. A veces me violentaba de maneras inimaginables, me decía que era una persona horrible, que no valía nada, pero se excusaba diciendo “te lo digo por tu bien y porque te amo”.

A veces cuando las mujeres sabemos que hay algo que no cuadra, que eso que nos dicen no es cierto, dudamos de nosotras mismas; en mi caso, empecé a tomar terapia, intentando tener una vida más espiritual, pero como él lo veía como una amenaza a salirme de su control se encargaba de restarle importancia, de ridiculizarme, de quitarle seriedad a mis cambios positivos con tal de que regresara al lugar de sumisión por debajo de él.

Él intentaba reducir nuevamente mi autoestima culpándome de lo que le pasaba, de su infelicidad o incluso de su irritación porque yo ya no hacía lo que él quería. En alguna ocasión lo caché ligando por teléfono con una persona que trabajaba en donde yo trabajaba y cuando lo enfrenté me respondió con argumentos tipo: “no me di cuenta”, “quiero cambiar pero no puedo”, “los hombres somos así”, “no pude controlarme”, “para qué quieres que cambie si así soy feliz”, “hay hombres mucho peores que yo”, “tú no me valoras”, “eres una exagerada”, ¿no les suena alguno de algo? El tener el descaro de tener esa actitud demuestra que siempre se sintió en un lugar de poder sobre mí, que sabía que, sin importar cualquier cosa, él tendría todas las de ganar.

La manipulación

Algunos hombres se sienten inferiores, sienten que de alguna manera su pareja es más valiosa que ellos o que ganan más, que tenemos más éxito o que no nos merecen, por lo tanto intentarán, de todas las maneras posibles, que nosotras creamos que somos inferiores para poder controlarnos. Por eso buscan causar lástima, tener aliados que les comprueben que él bueno es él y nosotras las malas.

Citando a Luis Bonino y su descripción de una de las formas de micromachismo más sutil dice: Comienzan con comportamientos autolesivos como accidentes, aumento de adicciones, enfermedades, amenazas de suicido, lo que hace que pensemos que si no volvemos con ellos podrían terminar muy mal.

Esto lo hacen para manipularnos para que regresemos con ellos. Más de una vez, ex parejas provocaron que me sucedieran miles de cosas que atentaran contra mi seguridad, con la intención de volver con ellos para que “protegerme”: asaltos, robos, problemas legales, escándalos, demandas de empleados, todo con la intención de que "los necesitara".

Yo he denunciado, varias veces en el trabajo, acoso y abuso sexual contra compañeras mías y es detestable la manera en la que no sólo los hombres se protegen y encubren, sino qué niveles altos de poder se alían a estos hombres con tal de que los acepten en su mundo.

Yo soy mamá de tres hombres, por lo tanto soy consciente de mi responsabilidad en la crianza, de la manera en la que ellos me respeten y me traten, de los límites que les ponga, de que ellos vean que no permito que nadie me trate mal, soy consciente de que de la educación que les pueda proporcionar dependerá la calidad de las relaciones con las mujeres cuando crezcan, por lo tanto sé que, con todo el amor de mi corazón, no permito ni de ellos ni de nadie ninguna actitud de violencia, ni de macro o micromachismo.

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