Ganar una medalla olímpica es algo verdaderamente maravilloso y mucha gente me pregunta ¿Qué se siente ganar una medalla olímpica? a lo que respondo: es más interesante saber todo lo que tuve que pasar para ganar una medalla olímpica.

Y lo primero que tuve que vencer fueron mis temores.

Entendí desde muy chica que la vida es un combate y no precisamente con un oponente externo, sino un combate contigo mismo, con tus miedos, con tus pensamientos, incluso con tus limitaciones.

Yo sabía una cosa: Que era una niña con mucho miedo, pero tenia claro algo: que así yo no quería vivir.  No quería que el miedo me limitara, porque el miedo como yo lo describo es como un hoyo oscuro que te mantiene engañada viviendo limitadamente, sin atreverte a explorar todo lo que eres capaz de lograr.  

A pesar del miedo, me decidí a hacer las cosas, y a medida de que mi confianza en el combate crecía, empecé a percibir mis miedos cada vez más pequeños. Y es que no importa de qué tamaño son tus miedos. Lo importante es darse cuenta de qué tamaño puedes llegar a ser tú.

Y así fui creciendo poco a poco en el deporte, hasta hacer del área de combate el mejor lugar para mi. Donde podía ser quien era yo en verdad.

Antes de los juegos olímpicos

Entre triunfos y derrotas el momento se fue acercando, el evento más importante que un deportista pueda aspirar: Los juegos olímpicos. Y quiero platicarles desde un año antes, ¿Por qué desde un año antes? Porque justo un año antes de los juegos olímpicos participaba en mi 4to campeonato mundial en Alemania, donde disputaba la final en la categoría -59 kg con una competidora de Grecia. 

Estando ahí, en el segundo round, la chica conecta una patada en la cara, abriéndome la barbilla por dentro y por fuera. Yo en ese momento, empecé a tragar mi propia sangre, para tratar de que el juez no se diera cuenta de mi condición, pero fue en vano, porque todo mi protector del pecho estaba lleno de sangre.

Mi entrenador cuando me vio, se espanto tanto, que de ver su cara, me dio más miedo.

Obviamente perdí la pelea, pero en ese momento no solo perdí la medalla de oro, perdí mi confianza, mi motivación y pensé en retirarme, UN AÑO ANTES DE LOS JUEGOS OLIMPICOS, el evento por el cual había entrenado 17 años Tae Kwon Do.

Así es. A un paso de llegar, quise detenerme. Porque a veces, cuando las cosas no salen como lo esperamos, podemos llegar a dudar de nuestra capacidad. Pero, ¿saben algo? de ninguna manera las derrotas o las pruebas tienen ese objetivo, sino todo lo contrario

Hay que saber que los triunfos están hechos de derrotas, que se convierten en aprendizajes.

Así que aprendí lo necesario para posteriormente estar lista para ganar.

Después de la patada del campeonato mundial para juegos olímpicos fui con un nuevo aprendizaje: subir mi guardia y cuidar mi cara.

Convéncete a ti mismo

Ya estando en los juegos olímpicos me sentía segura, había entrenado muy fuerte. Me había asegurado dar lo mejor de mi en cada entrenamiento, aunque en muchas ocasiones eso implicaba terminar llorando.

Me exigí al máximo en todo momento, entrenaba tres veces al día y no dejaba que el cansancio dominara mi cuerpo, solo me decía una y otra vez yo puedo, yo la mejor, y es que para ser la mejor primeramente debes de convencerte a ti mismo.

Ganar una medalla olímpica es algo maravilloso. Pero la transformación que tuve, por ir en búsqueda de esa meta, cambió el rumbo de mi vida.

De todas las bendiciones que me ha dado DIOS, tuve la gran oportunidad de poder participar en las olimpiadas con mi papá de Coach, él estuvo en los últimos meses de mi preparación, aunque en realidad estuvo todo el tiempo desde que era niña.

Nada en la vida es fácil, pero justo en lo difícil se puede apreciar mejor la ayuda de DIOS.


"Dios es el que me ciñe de poder
Y hace perfecto mi camino
Quien hace mis pies como de cierva
Quien adiestra mis manos para la batalla."  Salmo 18


Y Tú, ¿ya sacaste todo tu potencial?

Debemos de estar mentalmente preparados.